15 octubre 2012 GuiaMaximin

Sentimos mucho escribir sobre este tema, pero además de algunos establecimientos que lo están pasando realmente mal, que continúan elaborando fórmulas para poder sobrevivir, creando espacios donde se pueda tomar un menú o carta por unos precios más reducidos, desgraciadamente hay otros que han tenido que cerrar definitivamente. Restaurantes principalmente que eran ya clásicos y que llegaron a tener estrellas Michelín en su día. Como hemos titulado este artículo “La crisis no perdona”.

La Máquina de Lugones

De los mismos propietarios que el mismo restaurante situado en Lugones. Una buena fabada, un buen chuletón, un buen arroz con leche, pudiendo hacer una prolongada sobremesa en el mismo restaurante. En verano cambiaba la carta para adaptarla a los calores estivales, pero siempre con la misma calidad. Una gran pérdida para Madrid.

Restaurante Jockey

Un restaurante frecuentado por monarcas de medio mundo, la elite empresarial, políticos, todos los que “Tenían cierto poder”, eran sus clientes habituales. Aunque redujo el precio del menú de 120 a 70 euros, no ha sido suficiente y ha tenido que echar el cierre.

Balzak

Un establecimiento con cocina de mercado, así como platos de caza en temporada. Estuvo dirigiendo sus fogones Andrés Madrigal. Aunque había reducido sus precios para que se pudiera efectuar una comida por 45 euros, no ha podido superar esta difícil época.

Chaflán

Un referente de la cocina madrileña, donde los risottos y en general la cocina mediterránea eran sus especialidades. Juan Pablo Felipe, Premio nacional de gastronomía 2001, ha visto que su sueño, después de hacerse realidad, se ha desvanecido con este tiempo tan adeverso.

Club 31

Otro restaurante también de lujo con una carta rondando los 100 euros y con más de 40 años de historia, donde la élite empresarial cerró alguno de sus negocios más brillantes, siendo clientes asiduos Alberti y Dalí, contando con una gran bodega, igualmenteha cerrado sus puertas.

Antojo

Casi frente al Templo de Debod, en la calle Ferraza, donde César Rodgíguez había conseguido un gran reconocimiento, gracias a los productos que trabajaba y la exclusividad del mismo, pues no llegaba a 20 comensales la capacidad de la sala.

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