Llevo un par de años viendo el wakame asomar en cartas que no son japonesas: una crema templada en un bistró de Malasaña, un revuelto en un menú del día de Chamberí, hasta una ensalada de garbanzos en un mercado de Vallecas. La pregunta que me hace todo el mundo es la misma: "¿esto sustituye a la espinaca?". Respuesta corta: sí, y en varios aspectos la mejora. Vamos por partes.
Si has pisado una tienda de nutrición deportiva en el último año, el cordyceps te suena. Aparece en barritas, en cafés, en cápsulas y hasta en algún chocolate de los que se venden en herbolarios de barrio. No es moda nueva: en China lo usan desde hace siglos. Lo que sí es nuevo es verlo en la mochila de un triatleta de Chamberí junto a los geles.
La crema pastelera es de esas elaboraciones que separan al que improvisa del que lee la receta dos veces. Lleva cuatro ingredientes, se hace en menos de diez minutos y aun así sale mal a la primera más veces de las que admitimos: grumos, sabor a harina cruda, textura líquida o, peor, ese pegote que parece flan recocido.
Llevo años intentando que mi hummus quede como el de los sitios buenos de Tel Aviv. Ya sabes a cuál me refiero: ese cuenco mullido, casi soufflé, con una cuchara que se hunde sin resistencia y deja una huella perfecta. En casa siempre me salía denso, marrón triste, pastoso. Hasta que entendí dos cosas: el tahini manda, y el hielo no es una moda de Instagram. Es física.
La primera vez que vi una melena de león en el puesto de un micólogo del Mercado de Chamartín pensé en un pompón blanco de peluquería. Te la enseñan, la hueles —recuerda al bosque húmedo y, de lejos, a vieira cruda— y ya no piensas en otra cosa hasta meterla en la sartén. Lleva dos o tres años colándose en cartas de Madrid (en risotto, salteada, incluso en hamburguesa vegetal) y en estanterías de herbolarios como suplemento. Vamos por partes.
Hay platos que no necesitan reinvención. Las albóndigas en salsa de tomate son uno de ellos. Las hacía tu abuela, las hacía mi abuela y, con un poco de suerte, las harás tú el domingo que viene. El secreto no está en una técnica de tres estrellas: está en la miga de pan remojada en leche, en no apretar demasiado al bolear y en una salsa de tomate que haya cocido lo suficiente para perder la acidez.
Las dos necesidades fundamentales en la crianza temprana son mantener la cercanía y la comodidad a lo largo del día. Ya sea durante las tomas, al salir a hacer recados o al enfrentarse a horarios impredecibles, los cuidadores desean conservar ese vínculo especial con el bebé. La cercanía y la comodidad no son solo una cuestión de conveniencia; ayudan a crear un espacio emocional y físico seguro tanto para el bebé como para el cuidador durante toda la jornada.
Llevamos un par de años viendo aparecer el chaga en tiendas de herbolario, cafeterías de especialidad y catálogos de "hongos funcionales". Lo venden en trozos negros y rugosos como un carbón, en polvo soluble o en cápsulas. Se toma sobre todo como infusión, sabe a tierra tostada y arrastra una mochila enorme de promesas sobre inmunidad y antioxidantes. Toca separar lo que tiene base de lo que es marketing.