Cinco siglos después de que Hernán Cortés ordenara arrancarlo de raíz, el amaranto vuelve a estar en las estanterías. Ahora en botes de cristal, en el pasillo de superalimentos, entre la quinoa y las semillas de chía. La historia es curiosa: una planta que alimentó al Imperio Azteca durante siglos, se prohibió por motivos religiosos y estuvo a punto de desaparecer, y hoy la NASA la ha señalado como uno de los cultivos con mejor perfil nutricional para viajes espaciales largos. No está mal para una semillita del tamaño de una cabeza de alfiler.
Lo viste en una carta de restaurante etíope y te quedaste con la duda. O lo encontraste en una tienda de granel a 8 €/kg y no supiste qué hacer con él. El teff es ese grano diminuto, color avellana o marfil, que lleva milenios alimentando a Etiopía y que ahora aparece en panaderías sin gluten de Malasaña y en cartas de nutricionistas con prisa. No es moda nueva: es un cereal antiguo que llega tarde a Europa.
Hay ingredientes que entran sin hacer ruido y, cuando los pruebas, te preguntas dónde estaban escondidos. La alga dulse es uno de ellos. Roja, crujiente cuando se tuesta, con un punto ahumado que recuerda al beicon de toda la vida y que crece pegada a las rocas de la costa gallega. Vamos al lío, porque tiene miga.
Si has pisado una tienda de nutrición deportiva en el último año, el cordyceps te suena. Aparece en barritas, en cafés, en cápsulas y hasta en algún chocolate de los que se venden en herbolarios de barrio. No es moda nueva: en China lo usan desde hace siglos. Lo que sí es nuevo es verlo en la mochila de un triatleta de Chamberí junto a los geles.
La primera vez que vi una melena de león en el puesto de un micólogo del Mercado de Chamartín pensé en un pompón blanco de peluquería. Te la enseñan, la hueles —recuerda al bosque húmedo y, de lejos, a vieira cruda— y ya no piensas en otra cosa hasta meterla en la sartén. Lleva dos o tres años colándose en cartas de Madrid (en risotto, salteada, incluso en hamburguesa vegetal) y en estanterías de herbolarios como suplemento. Vamos por partes.
Llevo unos meses cruzándome el reishi por todas partes. En la carta de un café de especialidad de Malasaña, en un caldo restaurador de un japonés de Chamberí, en el lineal de un herbolario de Conde Duque. Y no es casualidad: el hongo lleva siglos en la farmacopea china, pero ahora se ha colado en la conversación gastronómica española como ingrediente funcional. Vamos a desmontarlo sin humo.
Llevo meses viendo la moringa en estanterías de herbolarios, tiendas ecológicas del centro y hasta en algún supermercado de Lavapiés. Polvo verde fluorescente, cápsulas, hojas secas, infusiones. La llaman "planta milagro" y, como pasa con todo lo que lleva ese cartel, hay que coger el entusiasmo con pinzas.
Llevamos años escuchando hablar del açaí como si fuera el rey indiscutible de los antioxidantes. Pues resulta que en la Patagonia chilena crece una baya pequeñita, morada casi negra, que le pasa la mano por la cara en todos los análisis serios. Se llama maqui (Aristotelia chilensis) y lleva siglos formando parte de la dieta del pueblo mapuche.
La quinoa ha pasado de ser un ingrediente exótico a un imprescindible en muchas cocinas domésticas. Aporta **proteínas completas**, textura tersa y un perfil de sabor ligeramente a nuez que encaja con verduras, legumbres y especias. Elegir recetas con quinoa no es solo cuestión de salud: también responde a la necesidad de platos versátiles, saciantes y fáciles de adaptar al día a día. Una alimentación equilibrada puede incluir quinoa en ensaladas, hamburguesas vegetales o desayunos cremosos; lo importante es conocer cómo cocinarla y aprovechar sus cualidades.