Amaranto: la semilla azteca que era prohibida y hoy se vende en herbolarios

Amaranto: la semilla azteca que era prohibida y hoy se vende en herbolarios

Escrito por: Javier   04/07/2026   5 minutos

La historia del amaranto es la de un cultivo ritual que los conquistadores intentaron borrar y que hoy la NASA considera alimento del futuro. Repasamos su valor nutricional, sus usos en cocina y dónde comprarlo en España.

Cinco siglos después de que Hernán Cortés ordenara arrancarlo de raíz, el amaranto vuelve a estar en las estanterías. Ahora en botes de cristal, en el pasillo de superalimentos, entre la quinoa y las semillas de chía. La historia es curiosa: una planta que alimentó al Imperio Azteca durante siglos, se prohibió por motivos religiosos y estuvo a punto de desaparecer, y hoy la NASA la ha señalado como uno de los cultivos con mejor perfil nutricional para viajes espaciales largos. No está mal para una semillita del tamaño de una cabeza de alfiler.

Qué es el amaranto exactamente

El amaranto es una planta de la familia Amaranthaceae, la misma que la remolacha o las espinacas. Se cultivan varias especies con fines alimentarios (Amaranthus cruentus, A. hypochondriacus, A. caudatus), y de todas ellas se aprovechan tanto las hojas —como si fueran acelgas— como las semillas, que son la parte más popular fuera de México.

No es un cereal, aunque se comporta como tal en la cocina. Técnicamente es un pseudocereal, igual que la quinoa o el trigo sarraceno. Y como ellos, no contiene gluten.

Del cultivo ritual azteca a la prohibición española

En el México prehispánico, el amaranto —huauhtli en náhuatl— era uno de los cuatro cultivos básicos, junto al maíz, el frijol y la chía. No solo se comía: se usaba en ceremonias religiosas dedicadas a Huitzilopochtli, dios de la guerra. Los sacerdotes mezclaban las semillas con miel de maguey (y, según algunas crónicas, con sangre) para modelar figuras del dios que después se repartían y comían entre los fieles.

A los frailes españoles esa "comunión pagana" les recordó demasiado a la eucaristía. Hernán Cortés y las autoridades coloniales prohibieron el cultivo del amaranto bajo pena severa. Se quemaron campos enteros y a los indígenas sorprendidos cultivándolo se les cortaban las manos. La represión funcionó a medias: la planta sobrevivió en zonas rurales aisladas de Puebla, Tlaxcala y Oaxaca, donde se siguió cultivando a escondidas durante siglos.

De ahí viene el famoso dulce mexicano "alegría": barritas de amaranto inflado con miel o piloncillo que hoy se venden en cualquier mercado del país. Es, literalmente, el descendiente directo de aquellas figuras rituales prohibidas.

Por qué la NASA se fijó en él

En los años 80, la NASA incluyó el amaranto en su programa CELSS (Controlled Ecological Life Support System) para misiones espaciales de larga duración. La razón es sencilla: crece rápido, resiste sequías y suelos pobres, aprovecha casi toda la biomasa (hoja y semilla) y tiene un perfil nutricional muy difícil de igualar en el reino vegetal.

Es de los pocos alimentos de origen vegetal que aporta proteína completa, es decir, con los nueve aminoácidos esenciales en cantidades utilizables. El punto fuerte es la lisina, aminoácido que suele escasear en los cereales convencionales.

Valor nutricional: qué aporta 100 g de amaranto

Los números por 100 g de semilla cruda son estos:

Nutriente Cantidad aprox.
Energía 371 kcal
Proteína 13-14 g
Grasa 7 g
Hidratos de carbono 65 g
Fibra 6,7 g
Calcio 159 mg
Hierro 7,6 mg
Magnesio 248 mg
Fósforo 557 mg

Fuente: USDA FoodData Central.

Traducido: más proteína que el arroz o el trigo, tres veces el calcio de la avena, y una cantidad de hierro y magnesio nada despreciable. Además aporta escualeno, un lípido poco habitual en semillas.

Sin gluten y apto para celíacos

Al no ser un cereal verdadero, el amaranto no contiene gluten. Es una opción interesante para personas con enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten no celíaca. Ojo: si lo compras a granel, asegúrate de que el envasado indique "sin gluten" certificado, porque la contaminación cruzada en molinos que también procesan trigo es un riesgo real.

Cómo se cocina en casa

La semilla se puede preparar de tres maneras principales.

Hervido, como un arroz: 1 parte de amaranto por 3 partes de agua o caldo, 20-25 minutos a fuego suave y tapado. Queda con textura entre gachas y cuscús, un poco pegajosa. Va bien como base de bowls o como guarnición mezclado con verduras salteadas.

Inflado (o "reventado"): en una sartén muy caliente sin aceite, echas una cucharada de semillas y remueves rápido. En 10-15 segundos revientan como palomitas en miniatura. Sirve para topping de yogur, ensaladas, granolas caseras o para hacer las clásicas barritas de "alegría" con miel y frutos secos.

En harina: molido, se puede sustituir hasta un 25-30 % de la harina de trigo en panes, tortitas o bizcochos. Aporta sabor terroso, ligeramente a nuez.

Las hojas jóvenes —difíciles de encontrar frescas en España— se preparan como espinacas: salteadas con ajo, en tortilla o en sopas.

Dónde comprarlo en España

Hace diez años había que buscarlo mucho. Hoy se encuentra sin problema:

  • Herbolarios y tiendas de dietética: bote de 500 g de semilla cruda, alrededor de 4-7 €.
  • Supermercados grandes (El Corte Inglés, Carrefour, Alcampo) en la sección ecológica o "sin gluten".
  • Tiendas ecológicas online especializadas y cooperativas de consumo.
  • Latinoamericanas de Madrid y Barcelona: aquí encontrarás el amaranto ya inflado listo para consumir y las barritas de "alegría" auténticas, importadas de México.

El precio es asumible comparado con otros superalimentos: la chía o la quinoa suelen ir más caras.

¿Merece la pena incorporarlo?

Sin caer en el discurso del "superalimento que lo cura todo": el amaranto es una semilla nutritivamente muy sólida, versátil en cocina y con una historia detrás que da para sobremesa. No hace milagros, pero como sustituto puntual del arroz o como topping crujiente en desayunos, gana la partida a muchos ingredientes de moda que cuestan el triple.

Y hay algo bonito en el gesto: cocinar hoy, en Madrid o en Sevilla, la misma semilla que Moctezuma servía en su mesa y que estuvo cinco siglos escondida bajo tierra para no acabar en el fuego de la Inquisición.

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