Lejos quedó la imagen de un Madrid desierto durante el mes de agosto. Cada verano son más los restaurantes que deciden permanecer abiertos para atender tanto a los madrileños que se quedan en la ciudad como a los miles de turistas que la visitan. La oferta gastronómica no solo se mantiene, sino que se adapta a las altas temperaturas con cartas repletas de platos frescos, terrazas y propuestas ideales para disfrutar sin renunciar a la buena mesa.
Hay platos que huelen a domingo antes de haberlos probado. El pollo al ajillo es uno de ellos. Un pollo troceado, mucho ajo, aceite de oliva, un chorro de vino blanco y una sartén honesta. Poco más. Y sin embargo, cuando sale bien, no hay quien se resista a mojar pan hasta dejar la sartén como salió de la tienda.
Siempre hemos considerado que Extremadura era una de las mejores la dispensa de España por la variedad de productos gastronómicos de que dispone, de excelente calidad y versiones. Sus jamones y embutidos de cerdos criados en la Dehesa de Extremadura, sus frutos, sus quesos sus... Pero veammoslo con más detalle.
El polen de abeja lleva años colándose en las estanterías de herbolarios, en los bowls de Instagram y en los desayunos de gente que jura que le ha cambiado la vida. Yo lo tengo en un bote en la despensa desde hace un par de años y lo uso casi a diario. Pero conviene ponerlo en su sitio: no es un superalimento milagroso ni un multivitamínico natural que sustituye a nada. Es un ingrediente interesante, con matices, y con letra pequeña que casi nadie cuenta.
Hay recetas que salvan una sobremesa navideña y otras que salvan la semana entre Navidad y Reyes, cuando en casa sobran tres tabletas de turrón blando y nadie las quiere ver más sobre la mesa del salón. Este helado entra en el segundo grupo. Aprovechas el turrón de Jijona que se ha quedado huérfano, montas la base en la Thermomix 7 y te ahorras la heladera. Cuatro horas después tienes un helado cremoso, con carácter a almendra tostada, sin cristales de hielo raspando el paladar.
Fuimos a Vigo un jueves de octubre, con reserva pedida con casi tres semanas de antelación. Éramos dos, sin prisa, con la excusa perfecta: un cumpleaños que necesitaba mesa a la altura. Y Maruja Limón aparecía en todas las listas que consultamos como el sitio al que ir si querías sentarte a comer bien de verdad en la ciudad olívica.
Llevamos años importando bayas de goji, semillas de chía y polvos de açaí a precio de reliquia. Y resulta que a 350 kilómetros de Madrid, en L'Horta Nord, se cultiva un tubérculo pequeño, arrugado y dulzón que lleva siglos alimentando a los valencianos. La chufa. Ahora los anglosajones la han rebautizado como tigernut y la venden en tiendas orgánicas de Brooklyn a precio de oro. Nosotros la teníamos en la horchata del domingo.