Lillas Pastia (Huesca): el casino modernista donde se come trufa negra del Pirineo
Por qué Huesca, por qué Lillas Pastia
Fuimos a Huesca en pleno enero, con la excusa perfecta: temporada de trufa negra del Pirineo. Y si vas a Huesca a comer trufa, tarde o temprano acabas en Lillas Pastia. No es un capricho de guía; es que la provincia es una de las mayores productoras de Tuber melanosporum de Europa y este restaurante lleva más de tres décadas trabajándola como pocos.
El sitio, además, no está en un local cualquiera. Está en la planta baja del Casino de Huesca, en plena Plaza de Navarra. Un edificio modernista de principios del siglo XX que ya justificaría la reserva aunque no hubiera trufa de por medio. Spoiler: la hay, y en cantidades que si vas en temporada te van a rallar delante hasta que digas basta.
El lugar: comer dentro de un casino modernista
El Casino de Huesca es de esos edificios que en Madrid harían cola para hacerse fotos. Aquí lo tienes casi para ti. Techos altísimos, molduras, vidrieras, ese aire de club social de principios del XX cuando las capitales de provincia se querían modernas. La sala del restaurante ocupa la planta baja y respeta el continente: mesas espaciadas, mantel de lino, luz cálida y un ruido de fondo que te deja hablar sin gritar.
No es minimalismo nórdico ni brutalismo de moda. Es sala clásica bien entendida, con dos o tres guiños contemporáneos en la vajilla. Se agradece que no hayan intentado disfrazar el edificio de gastrobar.
Carmelo Bosque, el chef que puso a Huesca en el mapa de la trufa
Detrás de los fogones está Carmelo Bosque, aragonés, con una estrella Michelin ligada a la casa y una carrera entera dedicada al producto de proximidad. Es de los cocineros que hablan del proveedor por su nombre, no de "el mejor pescado del mundo". Trabaja verduras del somontano, cordero, ternasco, hongos del Pirineo y, cuando toca, la trufa negra que dio fama al restaurante.
Su cocina es de autor, sí, pero con los pies en Aragón. No verás espumas gratuitas ni platos que necesiten manual de instrucciones. Verás técnica seria aplicada a lo que da la tierra alrededor.
La temporada de trufa: cuándo ir si vas por el melanosporum
La trufa negra del Pirineo aparece madura, básicamente, entre diciembre y marzo. Ese es el momento. Fuera de esa ventana, la carta sigue mereciendo la pena, pero el menú trufa de Huesca que hace célebre a Lillas Pastia es un producto de invierno.
Si tu única razón para el viaje es la trufa fresca rallada en mesa, apunta esos meses en el calendario. Enero y febrero suelen ser el punto álgido de aroma. En diciembre puede estar todavía un pelín verde según la campaña; en marzo, dependiendo del año, empieza a perder intensidad.
Qué pedimos: el menú trufa al detalle
Fuimos dos, con reserva, mesa para las 14:30 un sábado. Elegimos el menú degustación trufado, que en temporada es la vía natural. Se puede comer también a la carta, pero el menú es donde se ve el discurso completo.
Los entrantes
Empezamos con un consomé de gallina con trufa rallada en mesa. Caldo largo, transparente, con fondo real. La trufa se añade delante de ti y el aroma monta en cuestión de segundos: si el melanosporum es bueno, esto se nota aquí. Lo era.
Siguió un huevo a baja temperatura con parmentier y láminas de trufa. Yema cremosa, patata sedosa y la trufa cortada en láminas anchas para que se note en boca, no solo en nariz. Un clásico del género, ejecutado sin trampas.
Los principales
De pescado, merluza de pincho con jugo trufado. Punto correcto, lomo separándose sin deshacerse, salsa reducida bien ligada. Del pescado no diré que "brilla", pero acompaña al producto estrella sin robarle el plano.
De carne, ternasco de Aragón IGP con hongos y trufa. Aquí Bosque juega en casa. El Ternasco de Aragón IGP es una de las señas de identidad de la cocina aragonesa y aquí lo tratan con respeto: cocción larga, carne que cede al tenedor, jugo concentrado. El maridaje con la trufa funciona porque el cordero joven tiene la grasa justa para vehicularla.
El postre
Cerramos con un helado de trufa que es de esos platos que suenan a exceso y luego tienen sentido. Lácteo bien equilibrado, la trufa aporta un fondo terroso que no cansa. Antes, un pre-postre cítrico para limpiar boca.
El servicio: saben de vino y no te apuran
La sala trabaja con calma. Nos explicaron cada pase sin recitar, respondieron a las preguntas del ternasco (raza, edad, cocción) y la carta de vinos está dominada por el sumiller. Pedimos consejo dentro de los Somontano DO y nos sacaron un tinto de garnacha que aguantó bien tanto el huevo como el ternasco. Nada de vender el más caro por defecto.
Los tiempos entre platos, correctos. No te aceleran ni te dejan tirado esperando el siguiente.
Precio y relación calidad-precio
Ticket medio aproximado con menú degustación trufado y maridaje: alrededor de 110-140 €/persona, dependiendo de la campaña de trufa y del vino que elijas. A la carta puedes bajar a 70-90 €/persona sin bebida si te centras en un par de platos con trufa y un principal.
¿Es caro? En términos absolutos, sí. En términos de lo que estás comiendo (trufa fresca a discreción, producto Aragón de primera, estrella Michelin, edificio histórico), es coherente. Comparado con menús trufados en Madrid o Barcelona a igualdad de gramos rallados, sale mejor parado.
Cómo reservar y qué saber antes de ir
Reserva imprescindible en temporada, sobre todo fines de semana de enero y febrero. El aforo es limitado y los grupos de fuera de la provincia se acumulan. La web oficial es lillaspastia.es y allí se ve el menú vigente.
Si vas a hacer noche, Huesca tiene hoteles decentes a diez minutos andando. Y si te interesa la ruta, aprovecha para hacer alguna escapada a productores de la zona. Hablando de escapadas fuera del radar habitual, en la línea de restaurantes con producto muy marcado te puede encajar también Lera en Castroverde de Campos con su caza y horno de leña, otro sitio donde el entorno pesa tanto como el plato.
Veredicto
3 jamones. Imprescindible si te interesa la trufa negra en serio, y llevaría a alguien aposta hasta Huesca para comer aquí en enero. La justificación es sencilla: el producto es de kilómetro corto, el chef sabe lo que hace, el edificio suma sin distraer y el precio, siendo alto, se sostiene por lo que hay en el plato. Fuera de temporada de melanosporum bajaría a 2 jamones no por demérito, sino porque el argumento fuerte del sitio es, precisamente, la trufa.
Para quién es: comensal al que le interesa el producto por encima del postureo, dispuesto a viajar por una mesa y a gastarse tres cifras por persona. No es sitio de comida rápida ni de "picar algo".
Preguntas frecuentes
¿Cuándo es la mejor época para ir a Lillas Pastia por la trufa? De diciembre a marzo, con enero y febrero como punto óptimo de aroma de la Tuber melanosporum del Pirineo oscense.
¿Se puede comer a la carta o solo menú degustación? Ambas opciones. El menú es lo más recomendable en temporada de trufa; fuera de temporada, la carta funciona muy bien.
¿Cuánto cuesta comer en Lillas Pastia? Ticket medio aproximado de 70-90 €/persona a la carta sin bebida y 110-140 €/persona con menú degustación trufado y maridaje.
¿Hace falta reservar? Sí, especialmente fines de semana de temporada de trufa. El aforo es limitado y el restaurante llena con clientela de fuera de Huesca.
¿Dónde está exactamente? En la Plaza de Navarra, dentro del edificio del Casino de Huesca, en pleno centro de la ciudad.
Cosas Ricas Estuvimos en... Huesca #Carmelo Bosque #Huesca #restaurante #trufa #trufa negra
Deja un comentario

Lumara: la esencia de Extremadura encuentra su hogar en Chamberí
Cómo hacer una paella valenciana auténtica paso a paso (para 4 personas, en casa y en Valencia)
Zhen y el Año Nuevo Chino: Menú que convierte Madrid en Shanghái