Lera en Castroverde de Campos: caza, palomar y horno de leña en plena Tierra de Campos
Hay restaurantes a los que llegas y otros a los que se peregrina. Lera, en Castroverde de Campos (Zamora), es de los segundos. Estás a hora y media de Valladolid, a dos y pico de Madrid, y en el GPS aparece un pueblo de apenas 300 habitantes rodeado de trigales. Cuando aparcas y ves el edificio de ladrillo y adobe, entiendes que aquí la cocina cinegética no es un guiño de temporada: es la casa.
Vine un sábado de noviembre con dos amigos cazadores (uno de ellos, más de tapas que de escopeta, para que conste). Comida larga, sin prisa, con la lluvia cayendo fuera. Lo que sigue es lo que probamos y por qué merece la pena el desvío.
Dónde está Lera y por qué importa el sitio
Castroverde de Campos está en pleno corazón de Tierra de Campos, esa comarca a caballo entre Zamora, Valladolid, León y Palencia que parece un mar de cereal. Paisaje horizontal, cielos enormes, palomares de adobe cada dos kilómetros. Aquí la caza no es hobby de fin de semana: es parte del calendario agrícola desde hace siglos.
El restaurante lo abrió la familia Lera en 1973 como casa de comidas para cazadores. Medio siglo después, Luis Alberto Lera —hijo de la casa, formado fuera y vuelto al pueblo— lo ha convertido en referencia nacional de cocina cinegética, con una estrella Michelin que confirma lo que ya se sabía por el boca a oreja.
Luis Alberto Lera: el chef que volvió al pueblo
Luis Alberto pasó por cocinas de Madrid antes de tomar las riendas del negocio familiar. Lo interesante es que no volvió para "modernizar" el recetario de su madre y su abuela, sino para ordenarlo, tecnificar lo justo y darle contexto. La escabecha de perdiz sigue siendo escabeche de perdiz. Pero la pieza está desespinada con paciencia y el líquido reducido al punto exacto.
Es un chef que habla de sus proveedores por el nombre. Del cazador que le trae las torcaces, del pastor que le lleva el lechazo, del panadero del pueblo. En una época en la que "producto de kilómetro cero" se ha convertido en muletilla, aquí es literal: buena parte de lo que comes ha recorrido menos de 20 kilómetros.
El palomar: no es decoración, es despensa
Este es el detalle que diferencia a Lera de casi cualquier otro restaurante de caza en España. Tienen palomar propio, restaurado y en uso. Los palomares de Tierra de Campos son construcciones circulares o cuadradas de adobe, con nichos interiores, que sirvieron durante siglos para criar palomas para carne y para aprovechar la palomina como abono.
En Lera, el palomar no es museo. Es despensa. La paloma torcaz y la bravía aparecen en la carta según temporada, y el propio Luis Alberto te explica —si preguntas— cómo se maneja el ciclo. Comerte aquí un pichón de palomar tiene otra lectura: no es un ingrediente que llega en caja isotérmica, es el pájaro que estaba a 200 metros.
El horno de leña: por qué cambia el resultado
El otro elemento identitario es el horno de leña de encina, que llevan usando desde los inicios del restaurante. Aquí van los asados largos: lechazo, cochinillo, y algunas piezas de caza mayor cuando toca. La diferencia con un horno de convección no es marketing. Es un tema de humedad, de irradiación y de tiempo.
Un lechazo de Lechazo de Castilla y León IGP al horno de leña, a temperatura descendente durante dos horas y pico, sale con la piel crujiente y la carne todavía jugosa. En horno eléctrico se puede aproximar, pero el sabor de fondo —ese punto ahumado sutil— no se replica. Punto.
La carta: qué se pide en Lera
Hay carta corta y dos menús degustación. Nosotros fuimos a carta porque queríamos elegir. Estos son los platos que probamos, en orden:
- Escabeche de perdiz roja: pieza limpia, escabeche suave, cebolla confitada debajo. Vinagre bien medido, nada de picar. El plato marca de la casa y, con razón, uno de los que más piden.
- Croquetas de liebre: bechamel densa pero fluida, sabor profundo a caza, panado fino. Cinco unidades por ración, alrededor de 14 €.
- Torcaz asada con su jugo y setas de temporada: la pechuga en su punto rosado, el muslo confitado aparte. Setas del entorno (níscalos aquel día). Este es el plato al que hay que venir si quieres entender qué hace Lera distinto.
- Lechazo asado al horno de leña: media ración para compartir. Piel crujiente, carne que se desprende, jugo aparte para mojar pan. Servido con ensalada de escarola y granada.
- Leche frita con helado de canela: postre clásico bien ejecutado. Corteza fina, interior cremoso, canela sin pasarse.
También ofrecen menú degustación cinegético (unos 8-9 pases) alrededor de 75-85 € sin bebida, según temporada y disponibilidad de piezas. Si es tu primera vez y te gusta la caza, el menú es la forma más honesta de entender la casa.
El servicio y la carta de vinos
Sala tranquila, mesas espaciadas, mantel de tela. El servicio lo lleva el equipo familiar y se nota: te cuentan de dónde viene cada pieza sin postureo, y si dudas entre platos te reorientan sin venderte el más caro.
La carta de vinos tira mucho de Castilla y León —Toro, Arribes, Bierzo, Cigales— con precios sensatos. Nos recomendaron un tinto de Arribes del Duero, uva juan garcía, que casó de maravilla con la torcaz. Preguntar por los vinos de la zona es lo suyo: aquí no viene de fuera nada que la comarca ya haga bien.
Precio y relación calidad-precio
Comida a carta con entrantes, principal, postre y una botella de vino compartida entre tres: ticket medio aproximado de 75-90 € por persona. El menú degustación con maridaje sube a 110-130 € por persona. No es barato para la zona, pero por lo que ofrece —producto, técnica, contexto— está bien puesto.
Comparado con estrellas Michelin equivalentes en Madrid o Barcelona, Lera es un chollo. La diferencia es que aquí no pagas metro cuadrado en el centro urbano: pagas caza, horno de leña y palomar.
Si estás planeando escapada gastronómica y te interesan más opciones fuera del circuito Madrid, te dejo esta guía de restaurantes con encanto para escaparse a comer que complementa bien esta.
Cuándo ir: la temporada manda
La caza tiene calendario. Si vienes por la torcaz, la perdiz o la liebre, el momento fuerte va de octubre a febrero. Fuera de temporada la carta sigue siendo interesante —escabeches, elaboraciones con piezas conservadas, lechazo todo el año— pero para probar caza fresca hay que ajustar la visita.
Cierran domingos noche y lunes. Reserva imprescindible con antelación: son pocas mesas y los fines de semana de otoño-invierno vuelan. Teléfono directo mejor que plataformas.
Veredicto: 3 jamones
Lera se lleva 3 jamones. Es de esos sitios a los que llevas a alguien aposta, aunque suponga tres horas de coche. La combinación de palomar en uso, horno de leña de encina y un chef que entiende su territorio no se replica en muchos sitios de España. Si te gusta la caza y no has estado, tienes deberes pendientes. Si no te gusta la caza, quizá no sea tu restaurante, y está bien reconocerlo.
Para quién es: comensal curioso, con interés por producto de temporada y tradición viva. Vuelvo seguro, probablemente en enero, cuando la becada esté en su momento.
Estuvimos en... Zamora #caza #cocina cinegética #lechazo #perdiz #restaurante
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